EL SÍNDROME DE LA IMPOSTORA

EL SÍNDROME DE LA IMPOSTORA

¿Alguna vez has sentido que eres un fraude? ¿Que no eres lo suficientemente buena? ¿Alguna vez el miedo a hacerlo mal te ha impedido hacerlo? ¿Te ha pasado que al recibir un halago te justificas o le restas importancia? ¿Has atribuido tus éxitos en el curro a la suerte o circunstancias externas a pesar de habértelo currado un montón?

Amiga, eso tiene nombre, estamos ante… El Síndrome de la impostora.

Pero a ver, un momento, otro síndrome del que no habíamos oído hablar? Qué invento es este? En realidad no es nada nuevo, ya que fue acuñado en 1978 (que ya llovió) por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes. Se trata de un fenómeno en el que la persona es incapaz de asumir sus logros como propios y genera un miedo persistente a ser descubierto como un fraude. ¿Puede afectar a cualquiera? Sí, recordemos que vivimos en una sociedad individualista y competitiva, donde se nos educa comparándonos de forma permanente con el de al lado, pero su incidencia en mujeres y minorías es mucho mayor. Y aquí llegamos a lo de siempre, no es un problema tuyo y de tu supuesta baja autoestima, si le pasa a la vecina y a tu mejor amiga y a Jennifer López y a Michelle Obama… igual es que el asunto tiene un pelín de estructural. Pero ¿por qué?

Empecemos hablando por los roles de género como caldo de cultivo perfecto para acabar sintiéndonos impostoras. Nuestra cultura nos enseña que los valores clásicamente femeninos no son tan importantes, sobre todo en el mundo de los negocios. Para triunfar en el trabajo muchas nos movemos en un mundo mayoritariamente masculino teniendo que adoptar actitudes en las que no hemos sido educadas para llegar a puestos altos. Toda la vida siendo complaciente y ahora de repente tienes que ser una zorra agresiva o te comen. Seguimos percibiendo el poder como alguno masculino, un mundo que no nos pertenece y cuando lo alcanzamos, no lo sentimos como realmente nuestro, así que en lugar de pensar que valemos oro y nos lo hemos currado tela, atribuimos el logro a factores externos. MAL.

Por otro lado, pero relacionado estrechamente con el punto anterior, el trabajo tradicionalmente ejercido por las mujeres ha estado siempre relegado a la esfera de lo privado y encima lo hemos hecho gratis. Ya sabéis: limpiar, parir, cuidar, reproducir nueva mano de obra… Hemos asimilado que “lo nuestro” es menos valioso. Que sí, que ufff somos la leche y damos vida bla bla bla pero para triunfar, para triunfar ya están ellos. Así que a partir de los 6 años aproximadamente, en el cole, las niñas ya asocian lo femenino a cualidades buenas pero inferiores, los que destacan son ellos. Esto deriva en estudiantes mujeres que finalizan el bachillerato con notas significativamente más altas que las de sus compañeros varones en las áreas de ciencias, pero que sin embargo escogen carreras universitarias de letras o asociadas a los cuidados (con menos salida laboral) porque no son capaces de visualizarse de ingenieras o arquitectas. Volvemos a los roles. Las pocas que se atreven suelen pasarse la vida teniendo que demostrar el doble para valer lo mismo, para que todo el mundo sepa que no, no eres un fraude, ni una impostora.

Pero y ¿qué podemos hacer quienes nos sentimos así?

Vamos a buscar soluciones.

En el plano personal tenemos que aprender a escuchar y aceptar lo que los demás dicen de nosotras, contra poniéndolo a nuestro auto juicio. Es decir, que si la gente que te quiere y la que te rodea, te felicita, te expresa admiración, te valora y tú eres la única que no lo ve así… Igual tienes que ajustar un poco esa auto evaluación, igual te mereces felicitarte, darte oportunidades, admitir sin complejos que lo has hecho genial. Ser perfeccionista y ambiciosa es bueno, autofustigarte no, déjalo.

Por otro lado es vital verbalizar y compartir los temores que nos nublan la mente… cuando lo cuentas, se hace más pequeño!

Desde un punto de vista colectivo también podemos hacer muchas cosas, pero la primera y más importante es la palabra mágica, venga que la tienes en la punta de la lengua…

SORORIDAD

Apoyo entre nosotras para fortalecer nuestra autoestima, para que nuestras voces se escuchen, para ocupar los espacios públicos y de poder que nos corresponden, para que cuando una de nosotras consiga un logro tenga a todas las demás detrás alegrándose por ella y además diciendo “Tia, te lo has ganado, es que tú vales mucho”.

Ya que estamos, nos ponemos y lo hacemos… ¿No?

Cristina Alonso y Cristina Valbuena.

PD: Sí, nos hemos marcado un post entero a base de gifs de Fleabag primero porque ella es lo putomás y segundo porque nos apetecía.

MUEBLES PET-FRIENDLY

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ADIÓS AL MIEDO MENSTRUAL

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