LIKES, ESTRÉS, INFELICIDAD Y OTRAS MIERDAS DE INSTAGRAM

LIKES, ESTRÉS, INFELICIDAD Y OTRAS MIERDAS DE INSTAGRAM

La red social que provoca más adicción que algunas drogas.

 

Te levantas y lo primero que haces es scroll en Instagram, en la cama o, sí amiga, mientras meas. Desayunas y vuelves a hacer scroll mientras das vueltas al café y engulles dormida las tostadas. Entras en el transporte público y el aburrimiento del metro o el autobús te hace sacar el teléfono del bolsillo y vuelves a hacer scroll en Instagram. Y por qué no, subes un storis de lo deprimente que es madrugar y compartir con esa gente el trayecto. Llegas al trabajo y antes de empezar haces un último scroll, bueno último…. Te preguntas: qué pasa que hoy no hay más que fotos de gente de vacaciones, o por qué parece que este lunes solo has madrugado tú…

Te escapas a mear al baño del trabajo y vuelves a hacer scroll. Un interminable de paisajes idílicos, desayunos perfectos de gente que desayuna fuera everyday, outfits perfectos, animales monísimos, casas perfectas, gente dejando sus trabajos para seguir sus sueños, “content creators” que proliferan como setas en otoño (todos los curros tienen nombre cool menos el tuyo?), peña a la que le regalan cosas promocionando mil stories, quejas de algoritmos de gente con mil likes por foto, peña con bebés perfectos, otros que dicen que van a abandonar el Instagram y al día siguiente vuelven a estar ahí, ilustraciones to chulas que tu no sabrías ni cómo pintar o fiestas de la noche anterior a las que no te invitan, te hacen perder más tiempo del que dedicarías en ese habitáculo con un retrete.

Ostras, te preguntas a ti misma por qué eres tan pringada, por qué madrugas y estás hasta las mil en la ofi y los demás no, por qué a ti no te regalan nada, por qué a ti Instagram te pixela las fotos más que al resto, por qué tus vacaciones no son tan instagrameables, porque el algoritmo directamente ni te tiene en cuenta, por qué tienen tiempo de darse like y comentarse entre todos y a ti no te da la vida por qué por qué por qué…por quéééééé.

Luego mientras comes haces scroll otra vez y rebuscas en tu archivo de fotos alguna foto “molona” que pegue bien con el resto de tu perfil, porque hacer una de tu tupper sería tristísimo. La retocas y la subes para estar también activa. Te rayas porque no sabes si queda bien con el feed. Dudas de borrarla. Bah la dejas. Bah la borras. Bah la dejas. Refrescas. 4 likes. Bueno bien. La dejas…

Al rato vuelves a mirar. 20 likes. Vuelves a mirar, vuelves a mirar. Oh un comentario. Refresh. Sigues preguntándote por qué la gente come helados por la tarde y no engorda, porque pueden ir a tomar café a sitios guays, por qué tú no.

Te pasas así hasta que te vas a la cama. Viendo lo que hacen los demás. Antes de poner la alarma del triste día siguiente echas un último vistazo a los “putos demás”. ¿Se habrán ido a la cama o eres tú la única que se va tan pronto?…

 

¡Basta ya, amigas!

 ¿Os habéis sentido identificadas con todo o algo de lo que acabamos de poner arriba? ¿Sí? Pues tenemos un problema. Y con a los problemas hay que ponerles solución o al menos intentarlo. Las redes sociales están provocando estrés y ansiedad. No las estamos usando correctamente y están pasando factura a nuestro bienestar físico y emocional. Cada vez estamos más conectados a ellas y nos está haciendo desconectarnos de nosotros mismos. Estamos pendientes de la vida, pero no de la nuestra. De la de un montón de desconocidos que ni son nuestros amigos ni nada que se le parezca, aunque hablemos con ellos por DIRECT casi a diario.

Las redes sociales y en concreto Instagram crean dependencia. Ha provocado en nosotros hiper conectividad que a la vez nos desconecta de las cosas realmente importantes, como somos nosotras mismas, nuestra familia y nuestros amigos los de verdad.

No a todo el mundo le afecta de la misma forma, pero cada vez vemos más y más personas que personas cabreadas, nerviosas y, lo peor de todo, frustradas, porque no consiguen likes en sus publicaciones; o al revés, creerse los reyes del mambo porque consiguen muchos más que la media.

El problema de verdad son las personas más vulnerables. Las que no saben diferenciar la vida real de esa “realidad paralela” que se ha montado en Instagram. Aquellas que no se sienten aceptadas porque sus fotos no parecen de estudio o porque no se dedican a profesiones relacionadas con la creatividad o lo audiovisual. Sienten que no pertenecen al grupo y su autoestima desaparece porque se creen menos “guays” que los demás. Las que no son capaces de ver que esto es un postureo convertido en dogma. Que la gente por lo general enseña solo la parte buena y se guarda todo lo demás.

 

¿De verdad tiene tantos efectos en nosotros ?

Sí, esto es poca broma.

-       Los likes, menciones e interacciones en general son para nosotros como palmaditas en la espalda y reconocimiento de que hacemos algo bien. De ahí la preocupación de tener… y muchos. Porque cuando no los hay, nos preocupamos.

-       Cuando subimos una foto, la subimos con expectativas. Es decir, nos planteamos cuánta gracia hará el copy o hasta donde podrá llegar en número de likes y comentarios. Cuando no se corresponde con lo que creíamos que iba a ser nos enfadamos y nos cuestionamos a nosotros mismos.

-       Cuando un día decides no compartir todo lo que haces cada minuto, crees que estás dejando de molar. Por eso hay mucha gente que organiza sus planes o vacaciones en función de lo instagrameable que sean. ¿Absurdo? Mucho.

-       Han desencadenado que necesitemos aprobación ajena todo el rato. Si al “guetto de Instagram” no le mola, convertimos esa verdad en universal y fuera de Instagram tampoco mola. De ahí, no sabemos si os habéis dado cuenta, que todos los perfiles cada vez se parecen más, las fotos son réplicas unas de las otras. Los tonos de color unificados. Las mismas vacaciones. Los mismos bares, etc…

-       Distorsionamos la realidad y no podemos evitar hacer comparaciones. Es verdad que muchas personas han conseguido ganarse la vida con esto y da la sensación de todo en su vida es color de rosa. Pero la realidad es que es un trabajo más que les lleva horas y que eso es precisamente lo que no se ve. Instagram es  una ventana mágica y perfecta en la que mostrar lo bueno y esconder lo malo. Nos creemos que todo el mundo está todo el día de chiquiteo (menos nosotras, claro).

¿Cómo podemos saber si estamos ante un problema?

 

-       Si miramos Instagram demasiadas veces al día. Si es lo primero que hacemos por la mañana y lo último antes de dormir.

-       Si sientes la necesidad de compartir cada minuto de tu vida en IG, parece que algo no ha pasado si no lo cuentas, o estas con familiares y amigos pero no eres capaz de disfrutarlo porque estás pensando en la foto.

-       Si nos preocupa constantemente la apariencia de nuestro perfil y cómo luce para los demás.

-       Si stalkeas a personas para compararte con ellas.

-       Si crees que la vida de los demás es mejor que la tuya en base al contenido que comparten.

-       Si das like a todo compulsivamente, te guste o no.

-       Si te agobias si un día no tienes 3G o móvil y no puedes actualizar tu perfil.

-       Si alguien, que no conoces de nada, te critica o te comenta algo malo y te afecta de verdad.

-       “Odias” irracionalmente a gente que no conoces de absolutamente nada.

-       Tienes agujetas en el dedo de refrescar, pasar storis, refrescar, like, etc…

- Te ha salido un tercer ojo en la frente que usas para mirar ig mientras duermes.

 

¿Cómo podemos solucionar esto?

 Y diréis… ¿y qué hacen estas dos dándonos consejitos si están todo el día compartiendo, subiendo fotitos, más pendientes de los likes que nadie?


Pues precisamente por eso. Porque a nosotras nos pasa también. Porque nos hemos dado cuenta de que muchas comentáis estar agobiadas, descontentas, tristes... y también lo hemos sentido alguna vez. A lo mejor, podemos poner nuestro granito de arena para abrirnos los ojos. Porque quizás se nos ha olvidado, que las redes sociales nacieron para divertirnos y pasárnoslo bien. Para conocer gente, para recibir estímulos. Por eso hemos hecho una lista de cosas que se nos ocurren para educarnos en el consumo de RR.SS. No son nada nuevo, pero hoy nos apetece recordarlas porque nunca está de más.

1.     Establecer horarios para conectarnos.

No puede ser sano estar refrescando cada 5 minutos, así que pongámonos un máximo momentos del día para mirar Instagram y cumplámoslos. No hacer de golpe y drásticamente porque nos provocará más ansiedad. El primer día será duro, pero poco a poco nos daremos cuenta de que importa un pimiento no mirarlo tanto.Y necesitaremos menos el móvil en general.

2.     Priorizar las relaciones reales sobre las digitales.

Disfrutemos de nuestras vidas, de nuestros momentos con amigos, con la familia. Y estemos presente en ellos. Tienen que ser para nosotras, no para compartirlos en Instagram de forma obligatoria. Y saquemos menos el móvil cuando estemos con ellos.

3.     Apagar las notificaciones.

Ya veremos o responderemos a las cosas cuando sea el momento o cuando puedas. NO es tan importante contestar a los mensajes al instante, o responder a los comentarios al segundo, etc.

4. NO llevarte el móvil a la cama.

Está demostrado que el teléfono justo antes de dormir altera nuestro ciclo del sueño, así que, imagínate si lo último que vemos es Instagram, el foco de nuestras últimas frustraciones del día.

5. Valorar lo que tenemos y valorar cómo somos.

Todas tenemos virtudes, lo que pasa que no las vemos. Estamos tan preocupadas de ver lo mucho que molan los demás, lo guapos que son, lo mucho que nos flipan sus trabajos, que se nos ha olvidado pararnos a pensar en nosotras mismas. Si necesitas, pilla papel y boli y haz una lista con todo lo que sabes hacer bien aunque no tenga nada que ver con toda esa gente que idolatras de INstagram. Te darás cuenta que tú también molas. Lo mejor de todo es que cada uno somos de una manera y eso nos hace especiales, porque si fuésemos todos iguales el mundo sería aburridísimo.

6. Centrarnos en lo bueno.

No todo es malo en esto de las redes. Gracias a ellas hemos hecho un par de amigas de verdad, hemos conocido restaurantes chulos o podemos apoyar negocios o causas con principios comunes a los nuestros. Hay muchas cosas buenas, centrémonos en ellas.

7. Ser nosotras mismas, no una réplica.

Ya sabemos que los estímulos que recibimos nos condicionan y muchas veces acabamos replicando lo que vemos una y otra vez. Pero este hecho está uniformando los perfiles y acabarán siendo todos iguales. Si una foto te gusta y te apetece compartirla, qué mas da que no cumpla con los cánones? A la porra los likes.

8. Tomar conciencia.

Muchas veces lo importante no es dejar de ser una marioneta, si no “ver los hilos”. Seamos conscientes de lo que son las redes sociales, reflexionemos en alto, digámonos más veces que esto no es la vida real, que es para divertirnos, que es un juego… quitémosle hierro.

9. Seguir perfiles que nos aporten.

Como en la vida real, lo bonito es rodearse de gente que sume y alejarse de lo tóxico. Repasemos qué parte de las cuentas que seguimos nos aportan cosas bonitas o importantes y qué parte no. Podemos por ejemplo usar las redes para dar apoyo a negocios o causas con las que compartamos valores.

10. Tomarnos un descanso si lo necesitamos.

Y no pasa nada si estamos saturadas o hiperconectadas o hasta el moño de todo. Nadie va a morir porque estemos unos días o unas semanas off. El mundo seguirá girando y a nosotras se nos quitará esa contractura del cuello.

11. Relativizar.

Nada de esto es tan importante. Salud, trabajo y amor… para todas.

(Por supuesto en todas estas reflexiones nos referimos a cuentas personales, entendemos que cuando se trata de negocios o cuentas profesionales, los factores a tener en cuenta y las reglas del juego cambian)

Y estas son las soluciones que se nos ocurren a nosotras. Pero seguro que vosotras tenéis más y mejores. ¿Nos las contáis en ig? GRACIAS!

Cristina Valbuena y Cristina Alonso.

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